Del Mediterráneo al Mulhacén: 75 kilómetros de confianza
27 de agosto de 2026

Del Mediterráneo al Mulhacén: 75 kilómetros de confianza

Hay aventuras que nacen sobre un mapa. Y otras que comienzan mucho antes, cuando una idea se instala en la cabeza y ya no te deja marchar.

Cuando conocimos el nuevo reto de @autonoma_and_mountains, unir el Mediterráneo con la cima del Mulhacén a pie, quisimos acompañarla en el camino. Para afrontar esta travesía de 75 kilómetros y más de 5.260 metros de desnivel positivo, le propusimos hacerlo con las Chiruca Bimini, un modelo ligero, transpirable y versátil para recorrer senderos y terrenos variados.

Tres días después, alcanzaba la montaña más alta de la península ibérica. Esta es la historia de su aventura, contada por su protagonista.

Una aventura para caminar del mar hasta el cielo

Hace un año comenzamos a imaginar un reto que nos hacía sonreír solo con pensarlo: unir el Mediterráneo con el Mulhacén.

Después de completar nuestra travesía del mar al Teide, queríamos seguir explorando una filosofía que nos inspira especialmente: empezar donde termina el mar y caminar hasta tocar el cielo.

No buscábamos únicamente alcanzar una nueva cima. Queríamos vivir una experiencia capaz de emocionarnos, sorprendernos y recordarnos por qué seguimos eligiendo perder el aliento en la montaña.

Tres días después habíamos recorrido 75 kilómetros, acumulado más de 5.260 metros de desnivel positivo y atravesado algunos de los paisajes más espectaculares de Sierra Nevada.

Pero, cuando recordamos esta aventura, los números no son lo más importante. Lo que permanece son las sensaciones: el olor del mar antes del amanecer, el calor de las primeras horas del día, la hospitalidad de los pueblos blancos de la Alpujarra, el sonido del agua en las Chorreras Negras y aquel abrazo silencioso en la cima del Mulhacén.

Porque las mejores aventuras no se miden solamente en kilómetros, sino en todo aquello que descubres mientras los recorres.

Día 1: del Mediterráneo al corazón de la Alpujarra

A las 5:45 de la mañana, el Mediterráneo estaba completamente inmóvil.

Antes de comenzar a caminar tocamos el agua. Era nuestro pequeño ritual y el punto de partida de una historia que llevábamos meses preparando.

Los primeros kilómetros estuvieron marcados por la ilusión, pero también por el respeto. Sabíamos que el principal desafío de aquella jornada no sería únicamente el desnivel, sino también el calor.

La subida hacia Polopos, Haza del Lino y Torvizcón nos obligó a gestionar el esfuerzo desde el principio. Cada sombra se convirtió en un regalo y cada fuente, en una pequeña victoria.

Entre alcornocales, senderos históricos y lugares tan especiales como el castaño milenario o el Cerro Salchicha, fuimos dejando atrás el azul del Mediterráneo.

Al llegar a Torvizcón no solo encontramos descanso. También descubrimos conversaciones con sus vecinos, historias compartidas y esa hospitalidad que convierte una ruta en una experiencia mucho más humana.

Día 2: senderos que cuentan la historia de la Alpujarra

Con las piernas todavía cargadas, comenzamos la segunda etapa rumbo a Trevélez.

El paisaje cambiaba constantemente. Los pequeños pueblos blancos aparecían entre las montañas mientras avanzábamos por antiguos caminos utilizados durante siglos por quienes han habitado estas tierras.

Uno de los grandes regalos del día fue atravesar las Escarihuelas de Busquístar.

Hay senderos que simplemente unen dos lugares y otros que parecen conservar la memoria de todas las personas que caminaron por ellos. Las Escarihuelas pertenecen a esta segunda categoría.

Recorrerlas obliga a reducir el ritmo, levantar la vista y recordar que la montaña también se disfruta despacio.

Cuando llegamos a Trevélez, sabíamos que la aventura todavía nos reservaba su capítulo más exigente.

Día 3: el camino hacia el techo de la península

A las cinco y media de la mañana comenzamos la última jornada.

La luna llena todavía iluminaba el sendero mientras las primeras luces del amanecer empezaban a teñir las cumbres de Sierra Nevada.

Llevábamos únicamente el material imprescindible. Cada gramo contaba y cada paso nos acercaba un poco más al objetivo.

El río Culo de Perro, las Chorreras Negras y la espectacular Laguna Hondera fueron marcando un recorrido tan bello como exigente. A medida que ganábamos altura, la vegetación desaparecía, el silencio se hacía más profundo y el Mulhacén comenzaba a ocupar todo el horizonte.

Los últimos metros fueron los más duros. Las piernas ya no respondían igual y el cansancio acumulado durante los días anteriores se dejaba notar en cada zancada.

Hasta que apareció la cima.

La cruz. El abrazo. Las lágrimas.

No celebrábamos únicamente haber alcanzado la montaña más alta de la península ibérica. Celebrábamos todo lo que habíamos sido capaces de superar para llegar hasta allí.

75 kilómetros con las Chiruca Bimini

En una travesía de estas características, cada elección cuenta. También la del calzado.

Necesitaba un modelo ligero y cómodo que pudiera acompañarme durante muchas horas y que respondiera ante un recorrido en el que el terreno cambiaba constantemente.

Las Chiruca Bimini me acompañaron desde el Mediterráneo hasta la cima del Mulhacén, atravesando caminos compactos, senderos pedregosos, zonas húmedas, ríos y tramos de roca.

Sus 275 gramos me permitieron avanzar con ligereza durante las largas jornadas. La membrana GORE-TEX mantuvo mis pies protegidos sin renunciar a la transpirabilidad, mientras que la suela Vibram me dio confianza en los apoyos más delicados.

Después de 75 kilómetros, la mejor valoración que puedo hacer es precisamente esa: pude olvidarme de lo que llevaba en los pies y concentrarme en disfrutar del camino.

Porque, cuando el cuerpo deja de preocuparse por el material, la cabeza puede dedicarse por completo a vivir la aventura.

La importancia de preparar cada etapa

Además del calzado, la planificación fue fundamental para completar el recorrido.

Las altas temperaturas hicieron imprescindible llevar suficiente agua y contar con una botella potabilizadora. La protección solar y el repelente de insectos también fueron dos pequeños aliados que marcaron una gran diferencia, especialmente en los tramos húmedos y con abundante vegetación.

Tras las lluvias, algunos senderos habían quedado prácticamente ocultos, por lo que llevar el recorrido GPS descargado y conocer bien los principales puntos de referencia resultó tan importante como la preparación física.

En la tercera etapa, ya en un entorno de alta montaña, el escenario cambió por completo. El sistema de tres capas, un cortavientos impermeable y la ropa adecuada para afrontar cambios bruscos de temperatura se volvieron imprescindibles.

Si estás pensando en realizar un itinerario similar, planifica las etapas de acuerdo con tu experiencia, consulta siempre la previsión meteorológica, presta especial atención a la hidratación y escoge cuidadosamente todo el material.

La montaña siempre merece respeto.

Mucho más que alcanzar una cima

Cuando volvemos a mirar la fotografía tomada en el Mulhacén, ya no vemos solamente una montaña.

Vemos el Mediterráneo en calma antes del amanecer, los alcornocales, los pueblos blancos colgados de las laderas, las Escarihuelas, el agua descendiendo por las Chorreras Negras y la inmensidad de la Laguna Hondera.

También vemos a todas las personas que hicieron que esta aventura fuera todavía más especial.

Si tuviéramos que resumir aquellos tres días en una sola palabra, elegiríamos resiliencia. La capacidad de seguir avanzando cuando el calor aprieta, las piernas pesan y la montaña te obliga a sacar la mejor versión de ti.

Porque alcanzar una cima siempre emociona, pero lo que realmente transforma a quien camina es todo lo que sucede antes de llegar a ella.

Desde Chiruca queremos agradecer a @autonoma_and_mountains que nos haya permitido formar parte de esta experiencia y que haya confiado en las Bimini para recorrer el camino desde el mar hasta el techo de la península.

75 kilómetros, tres días y una certeza: la confianza se construye paso a paso.

Descubre las Chiruca Bimini